por CLAUDIO MADAIRESclaudio.madaires@gmail.com
La selva sin árboles, pesadilla repetitiva que lo acosaba desde hacía dos postradas semanas. A cambio de su ambición de saquear madera en El Impenetrable chaqueño, se trajo a cuestas el Mal de Chagas, enfermedad que, salvo incoherencia estadística, lo mataría prematuramente en esta Buenos Aires de 1924. La idea de perderlo todo así, a causa de una insana sed de cosas superfluas, le resultaba inaceptable. Sus esperanzas: que la pesadilla interminable fuera sólo pesadilla de una noche, o que la selva no hubiera perdido todos sus árboles.
88 palabras
© Claudio Madaires (CAGB)
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